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Minutos antes de las 20:00 horas, los ticos de 424 se encargan de recibir con su rock alternativo al público que butaca a butaca va llenando uno de los lugares más icónicos de la cultura en la Ciudad de México.

“Queremos que con nuestra música conozcan más de nuestro país que está rodeado de mar y demás bellezas naturales”, dice la voz principal de este cuarteto proveniente de San José, Costa Rica, quienes salen del escenario entre calurosos aplausos, para darle paso a los protagonistas de la noche.

Son las 20:43 horas, en las bocinas se deja escuchar un tenue sonido que parece convocar a un ritual. Las luces se apagan y el público se enciende en alaridos que le dan la bienvenida a este quinteto jalisciense que comienza con uno de sus ya inmortales éxitos, “Host Of A Ghost”.

Dando paso a una melodía que de lo suave se va a lo explosivo, es por ello que con “Cuervos” se siguen escuchando los gritos desgarradores de las tres mil almas aquí reunidas.

Los decibeles se hacen muchos más suaves en el principio de “Vaquero Galáctico”, lo cual sólo nos está preparando para otra explosión en percusiones, casi igual de potentes que las gargantas de estos fanáticos que cantan a más no poder.

Y es por eso que antes de “Daphne” su vocalista, David Velasco, asevera: “Todo lo que entreguen esta noche lo vamos a dejar en el escenario. Esta noche es de ustedes”.

Solitarios que encuentran a personas desconocidas afines en pasión por Porter; parejas, que bailan de pie desde sus butacas y hasta grupos de amigos que saltan y se siguen desgañitando, es sólo algo de lo que se puede ver a lo largo y ancho del Teatro Metropólitan cuando suena “Hansel & Gretel’s Bollywood Story”.

Tal vez demasiado pronto para una canción tan importante en la carrera de esos rockeros mexicanos y hasta de la historia del rock nacional, “Espiral” muestra la increíble pasividad que poco a poco va in crescendo como seguramente le pasa a cualquier persona con graves trastornos médicos mentales.

14233152_10210424071376403_6416583741996598164_n“Vamos a generar un foco de energía chida. ¡Heeey! ¡Por nuestra Pachamama!”, pide Velasco antes de darle vida a la también múltiplemente bailada “Xoloizcuintle Chicloso”, otra canción que hasta sus fans califican como de las más ‘viajadas’ de la banda.

El muy interesante inicio con tintes electrónicos de “Al Fin Me Darás Un Reno”, poco a poco se va perdiendo hasta volver a la fórmula que trae vueltas locas a las tres mil personas que abarrotan el recinto.

El quinteto es cubierto por la misma cortina negra del principio y después de unos segundo una voz en off brinda un relato que nos prepara para la segunda y última parte de este show que será enteramente dedicado a su más reciente trabajo discográfico, Moctezuma, con lo cual cerrarán una gira que los llevará darle vida a su nuevo LP que esperan sean lanzado a mediados o finales del 2017.

Es así como un “Murciélago” trae de vuelta a esta banda que con base en sonidos prehispánicos, y con David portando el estandarte que desde hace unos meses sus fanátic@s le ayudaron a crear y que hasta en el pasado Vive Latino presentó orgulloso, comienza el principio del fin para Moctezuma en el Metropólitan.

14310425_10210424070696386_6456414779370849285_oLa suavidad vuelve a este legendario teatro con la cadenciosa “M Bosque”. Seguida por “La China”, que suena demasiado estruendosa por los característicos y peculiares falsetes de Velasco.

Con la somnolienta “Huaracancún” la gente no pierde el ánimo que han llevado durante toda la noche, por lo que muchos acompañan esta pasividad al ritmo de sus palmas o con el vaivén de sus brazos extendidos al aire.

“Rincón Yucateco” vuelve a provocar algunos brincos durante los coros, mientras que en los melancólicos versos muchas chicas, hasta en los pasillos del teatro, se dejan llevar con el ritmo de esta rola, dando sus pasos de baile mas extravagantes y pasionales.

El poder de las percusiones hace lucir a “Tzunami” casi tan imponente como a esta fanaticada que no para de entregar su amor a estos nacidos en Guadalajara, Jalisco.

Mientras que el romanticismo de “Palapa” contrasta sobremanera con la agresividad de la batería y los agudos de David.

Por último, otra melodía que se volvió un clásico casi de inmediato, “Huitzil”, cierra con toda la fuerza y frenesí posible una velada que seguramente será inolvidable para todos y cada uno de los miles de seguidores que poco a poco, y con sonrisas de oreja a oreja, van saliendo del Teatro Metropólitan gustosos.

Por: Ángel Caballero
Fotos: Cortesía Ocesa (Sergio Bautista)

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