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Por Néstor Ramírez Vega
@NestorRV

En la edición número 43 del Festival Internacional Cervantino, el director Jorge Volpi acercó dos campos aparentemente lejanos: la ciencia y el arte. En la programación de la fiesta que comienza el 7 de octubre en la ciudad de Guanajuato destacan actividades culturales, pero también conferencias y talleres científicos que fueron organizadas por el ensayista José Gordon y la matemática Gabriela Frías.

En entrevista con EXTENSIÓN, Gordon habló acerca de la aproximación entre las dos disciplinas, las cuales buscan abrir ventanas para entender el universo, así como el desarrollo de las actividades que incluyen a los premios Nobel George Smoot y Roald Hoffman.

 

  • ¿Cómo fue esta aventura de acercar la ciencia y el arte?

Es una aventura que ya tiene tiempo y en la que participamos muchos mexicanos que estamos interesados en que no se vea la vida en términos de fragmentos, sino tengamos ventanas amplias para asomarnos al universo.

En este sentido, el conocimiento que nos traen el arte y la ciencia son fundamentales. La ciencia también es una narrativa del mundo, nos permite entender y explicar algunos de los fenómenos que antes estaban vedados a la curiosidad humana.

La poesía también pertenece a este mundo de fascinación y asombro ante lo que nos rodea. Ese es el punto de fascinación fundamental de contacto que hay entre esos dos mundos. Por eso, en esta ocasión, Jorge Volpi ha deseado que se integren (al Festival Internacional Cervantino) estas  dos ventanas del universo: El valle del asombro de Peter Brook, pero también La danza de las neuronas de George Smoot y Roald Hoffman.

 

josegordon

  • ¿Cómo fue realizar la curaduría de las actividades?

Junto con Gabriela Frías, matemática miembro del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, hicimos un trabajo en conjunto donde nos divertimos porque ambos somos enamorados de los dos mundos. Siempre he dicho que no se necesita ser un novelista para entender una novela, tampoco se necesita ser científico para entender la aventura de la ciencia. Lo que sí me queda claro es que, tanto la literatura como la ciencia, a veces no se aprecian como se debiera hacer en nuestra conciencia colectiva.

Festivales como el Cervantino, (crean) la posibilidad de juntar las mejores expresiones del arte y de la ciencia, abren ventanas para que no nos sean ajenas, que nos demos cuenta que lo que leemos a través de la ciencia y el arte es a nosotros mismos.

No hay lectura más apasionante que la de nosotros mismos porque es la que nos ayuda a transformarnos, a utilizar nuestro potencial en el cerebro y nuestra memoria; los recursos que nos da la belleza del arte y la poesía para entender, y tener empatía, con la gente que nos rodea.

 

  • ¿Qué actividades habrá?

Actividades y talleres para niños, lo cual será muy interesante. Va a haber conferencias en la calle. Desde entender, por ejemplo, la receta cósmica para ver cómo se crea el universo, hasta entender cómo se enciende la neurona de Jennifer Aniston en nuestro cerebro al ver una imagen de esta artista, o cómo se enciende la neurona de Maradona, porque así empezaron estas investigaciones.

Resulta que cuando ves una fotografía de Maradona se enciende una neurona en particular. Entonces lo que descubrieron es que era una neurona de concepto, porque podía haber sido que esto tuviera que ver con el color verde del pasto o con un balón, y que no fuera Maradona lo que despertara a la neurona. Lo que pasó es que pusieron diferentes imágenes con diferentes contextos, colores y escenarios, y la gente siempre respondía con la misma neurona.

 

  • ¿Cómo fue traer a dos premios Nobel?

Son amigos, es muy interesante. Con estos premios Nobel, de alguna manera, ya hemos tenido relación con ellos. Hemos hecho un trabajo en La oveja eléctrica que nos ha permitido estar en contacto con algunos de los protagonistas de la ciencia contemporánea.

Asisten con gran alegría a tratar de compartir sus conocimientos, porque creo eso es fundamental cuando hablamos de algo que puede trascender en la conciencia colectiva.

Cuando ves una buena película la verás dos o tres veces porque te fascinó y la quieres compartir con quien más quieres. Lo mismo pasa con los grandes científicos. Pueden ser premios Nobel, pero lo que están deseando es compartir su conocimiento y el asombro que les da, y que nos da, asomarnos a los rincones más lejanos del universo, pero también a los rincones más íntimos de nuestro cerebro para tratar de entendernos y aumentar nuestras capacidades críticas para transformar lo que queremos.

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