Privacidad: Lo absurdo de una sociedad repleta de tecnología… y vacía de lo más elemental

‘¿Qué es esto?’, es la pregunta obligada que cualquier espectador de esta puesta en escena se tiene que realizar durante y después de la función.

Puesto que Privacidad es la evolución más sorpréndete que ha hecho el teatro desde hace décadas. Aunque, desde luego, nunca deberá dejar fuera a monumentales dramaturgos como Shakespeare, Goethe y Chéjov.

Pero es que el poder de Privacidad es tan indescriptible que no importa tanto que la encabecen Diego Luna o Luis Gerardo Méndez, además del acertado reparto en el que inmediatamente destacan los extraordinarios Amanda Farah (como la ‘Mamá del ‘Escritor’ protagonista) y Alejandro Calva (específicamente con sus hilarantes escenas como ‘Christian Rudder’), no es suficiente.

Su contemporaneidad argumental (adaptada por María Reneé Prudencio y dirigida por el gran Francisco Franco), ingenioso escenario (diseñado por el maestro Jorge Ballina) y deslumbrante tecnología (a cargo de Jorge Orozco y Frank Beltrán), tampoco. Puesto que lo que expone, ejemplifica y satiriza es mucho, muuuucho más trascendente.

La forma es espectacular, pero el fondo es tan profundo que, lamentablemente, tal vez sólo tenga fin cuando termine este civilización.

Privacidad puede ser resumida como una puesta en escena inspirada en el caso de Edward Snowden, en la que Luna o Méndez toman el papel de un ‘Escritor’ con más incertidumbres que certezas. Y así da comienzo una relato que parece cómico de no ser porque las risas son más risas nerviosas, porque todos somos ‘Escritor’. Después, y poco a poco, las revelaciones son más impactantes, y hasta terminaremos siendo directamente involucrados en escena.

Es por ello que los puntos más poderosos se encuentran cuando la obra analiza y disecciona a la sociedad actual, esa que siente indispensable compartir todo: en donde están, qué sienten, con quien(es) están, etc. Información tan básica que por eso mismo hemos dejado de valorar, aunque es sumamente importante. Y eso sí lo saben empresas, gobiernos y agencias como el FBI, la CIA y la NSA.

Conforme va avanzando Privacidad, y sobre todo en su segunda mitad, comprenderemos que esta puesta es esencial en un siglo XXI repleto de posibilidades pero cada vez más vacío de introspección.

Porque cuestionarnos a nosotros mismos es el inicio para ser individuos que puedan formar una sociedad llena de identidades. Sólo las igualdades nos hacen intrascendentes porque son mucho más fáciles de identificar, controlar y eliminar.

Y aunque todo lo anterior puede parecer que sí, no hay necesidad de ser paranoicos. Pero tampoco está de más comportarnos, siempre, como si estuviéramos siendo grabados hasta por las cámaras de nuestros smartphones.

No publicar nada que no queramos que nos presenten cuando menos los esperamos, es otra de las tantas advertencias que esta puesta en escena nos ayuda a comprender o, al menos, cuestionar.

No hay manera en la que Privacidad salga de cartelera, he ahí su grado de importancia, porque nuestra imbecilidad, disfrazada de ignorancia e inocencia, nos ha convertido en nuestros propios peores enemigos.

Debes de mantener encendido tu celular mientras ves Privacidad a partir de ya y hasta el 30 de diciembre en el Teatro de los Insurgentes (Insurgentes Sur #1587, Col. San José Insurgentes, México, DF 03900) los jueves y viernes a las 20:30 hrs., sábados 17:30 y 20:30 hrs., y domingos a las 18:00 horas.

Por: Ángel Caballero (@AngelReject)
Fotos: Cortesías

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