Damos vida al barro como se hizo hace cientos de años: Gregorio Cortés

En la comunidad de Santa Cruz de Arriba, Texcoco, pervive la tradición de dar vida al barro. En el pasado la alfarería era una forma de vida en la localidad; hoy los cientos de talleres se han reducido a tres.

Gregorio Cortés ocupa uno de estos talleres donde realiza instrumentos musicales de tiempos prehispánicos, los cuales van acompañados de una investigación. Sus creaciones irán del Estado de México a Nueva York, Washington DC y al Bard Music Festival, de la mano de la Orquesta Mexicana del maestro Rubén Luengas, quien rescató el proyecto del director de orquesta Carlos Chávez.

El investigador y artesano platicó con EXTENSIÓN sobre los talleres de alfarería en Texcoco, así como la fabricación y el porvenir de instrumentos musicales prehispánicos.

 

– ¿Cómo se siente al saber que sus instrumentos van a viajar a Estados Unidos en el concierto de la Orquesta Mexicana con el maestro Rubén Luengas?

Fue todo un reto y un orgullo participar en esto que hacía Rubén, volver a retomar el concepto del maestro Chávez, como se presentó hace 75 años en Nueva York.

Yo creo que es un orgullo que hayamos hecho en esta ocasión las sonajas; lo que va a presentar Rubén en Nueva York es todo un verdadero evento histórico, que vuelva a tocar la Orquesta Mexicana en Nueva York.

 

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– ¿Cómo fue que se interesó en este arte de crear instrumentos prehispánicos?

En este arte ya somos la tercera generación que estamos trabajando. Estamos en una comunidad netamente alfarera. A partir de herencia es como nace este interés por la reconstrucción de los instrumentos, por seguirle dando vida al barro como se hizo seguramente hace más de 400 años, y que además está en peligro de extinción.

 

– ¿Cómo ha sido el rescate de todas estas piezas prehispánicas y rescatar la historia que cada una de ellas?

Ha sido un poco difícil por la devastación que sufrió la información. Los sonidos que tenían los pueblos prehispánicos sufrieron un deterioro muy fuerte durante la conquista. Al ser considerados ruidos paganos, se busca la erradicación de estos instrumentos.

Ha sido difícil porque lo único con lo que contamos es el material arqueológico. No tenemos ninguna escala de cómo hayan sido estos instrumentos, de cómo hayan funcionado.

Se dice que es una escala pentáfona, pero nos damos cuenta que hay instrumentos que muestran un avance musical bastante desarrollado para su época. Encontramos flautas triples y cuádruples, que nos dictan que ellos buscaron la evolución.

 

– ¿Hasta dónde hubiera llegado esta evolución?

No sabemos. La flauta teotihuacana, donde tenemos más de nueve orificios y cuatro tubos, demuestra un avance muy depurado, tal vez superior al contemporáneo europeo. Es decir, que nuestro contexto mesoamericano, ya los pueblos que habitaban, buscaban la evolución en tubos simultáneos. Tenemos una flauta teotihuacana que tiene más de 60 cm de largo, con graves, con agudos, y sobre todo con cambios de registro. Esto nos habla de una polifonía muy, muy, muy avanzada.

 

– ¿Cuáles son los retos que enfrentan los talleres en Texcoco?

En Texcoco, en la comunidad de Santa Cruz de Arriba, que es una comunidad alfarera por más de 400 años, hasta hace 40 años teníamos por ahí de 47 talleres. Ahora sólo contamos con tres. ¿Cuál ha sido una de las causas que yo creo? La falta de interés de muchos gobiernos municipales, estatales y federales en la conservación de esta (actividad), que aparte de ser un oficio muy sano y muy puro, también podría ser fuente de empleo que ahorita estamos careciendo en el estado y que se le puede dar un contexto diferente al original.

Si bien en un tiempo éramos fabricantes de utensilios de cocina como cazuelas, jarros, etcétera; bueno, pues se podrían fusionar y seguir conservando ese arte popular que ahora se está perdiendo.

 

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– ¿Cómo rescatar o mantener vivas estas tradiciones?

A través de la difusión y a través de que la gente empiece a valorar de lo que nosotros somos como pueblo. Estamos muy contaminados por medios de comunicación como la televisión, el mismo Internet cuando no se le ha dado una secuencia lógica, nos ha contaminado y hemos perdido parte de nuestras raíces.

Y digo raíces, aunque no me gusta ese término, pero es parte de lo que nos ancla a una identidad que hemos perdido, que no tenemos una identidad. Creo que México es uno de los países donde hemos perdido eso, la identidad nacionalista, la identidad de cariño hacia lo que realmente somos.

 

– ¿Cómo rescatar esta identidad? ¿Esa identidad la encontramos a través de darle vida al barro?

Es parte de ello, pero también del conocimiento de nuestras artes populares, el conocimiento de nuestra riqueza que tenemos. Yo recuerdo que alguien me preguntaba, ¿qué estarías orgulloso como mexicano de 1900 para acá? Y es bien difícil contestar. Si bien tenemos zonas arqueológicas impresionantes, a veces la conservación no es del todo bien y el interés que tenemos por nuestra propia cultura es realmente escaso.

 

¿Cómo es el proceso que realiza o lleva a cabo para crear una pieza?

Parte desde la investigación de la pieza, una vez que la tenemos en nuestras manos. Las piezas que tú ves, muchas vienen de saqueo; es decir, de colecciones privadas que nos han traído y hacemos la investigación.

Hay un equipo multidisciplinario. Detrás de nosotros se encuentran arqueólogos y antropólogos. Buscamos primero ver qué es lo que tenemos en nuestra mano, clasificar cada uno de los instrumentos: si es una ocarina, si es una flauta o una vasija silbadora.

Después empieza la escultura de lápiz, para tener de ahí algunos moldes seccionados para después unir en un trabajo final, que es lo que nos va a dar el trabajo de alguna de las piezas.

En las flautas, generalmente, es donde buscamos esa afinación que la hemos logrado a través de mediciones, porque muchas comparativas de las que tenemos han sido a través del tamaño, de la investigación y también de cómo funcionan los instrumentos apoyándonos con radiografías.

 

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– Estas piezas están en todo. Viento, agua… es prácticamente la naturaleza.

Así es, porque partimos de que son hechas de barro, son cocidas con fuego y que funcionan a veces con agua. Esos son los elementos más básicos y tal vez, como una cosmovisión indígena, era su forma de crear estos instrumentos con estos materiales, dándole vida a estos elementos tan esenciales para todas las culturas, no sólo la mesoamericana, sino a través de la historia de la humanidad.

 

– ¿Hacia dónde va esta evolución de los instrumentos en la actualidad?

En nuestra actualidad hemos fusionado estos sonidos de origen prehispánico. Decían por ahí música prehispánica. No, yo creo que es música que tiene un origen y un nuevo sentimiento ahora ya entornado a nuestra época y que parte de esto es recobrar el escuchar esos sonidos que se escuchaban en estas tierras hace más de mil años.

¿Cómo? Contextualizándolos con movimientos como jazz, blues, rock, new age; todos esos nuevos movimientos. Que nazca en los jóvenes el interés de escuchar o de descubrir estas polifonías que producen sonidos tan bellos como los europeos.

Ese es parte de nuestro objetivo, valorar eso que tenemos y también crear un área académica que se dedique a la investigación de los instrumentos musicales de origen prehispánico. Es un legado cultural enorme el que dejaron estas culturas que habitaron nuestro país que se le debe dar una investigación seria.

Hay mucha gente como Roberto Velázquez, Jorge Reyes, Antonio Zepeda, que sigue en la investigación, (Orquesta) Pasatono. Es momento de interesar a las nuevas generaciones, porque aquí tenemos un campo de investigación muy amplio; y también algo que podamos hacer, un movimiento musical muy nuestro, como lo están haciendo en Colombia e Israel, con esa identidad de nacionalismo. Aquí también lo podemos hacer.

Por: Néstor Ramírez Vega (@NestorRV)

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